Concepto de temple

La palabra temple tuvo origen en el latín “tempus” en el sentido de tiempo o grado de calor. El verbo templar, del latín “temperare” hace referencia a volver templado algo que estaba frío o muy caliente.

Puede aplicarse el temple al trabajo que se hace sobre ciertos materiales como el vidrio o los metales, para volverlos más duros, aunque esto trae aparejada su mayor fragilidad y menor resistencia. Para templar el vidrio y los metales se los somete a cambios bruscos en las temperaturas. En el caso del acero se lo calienta hasta alcanzar una temperatura muy elevada y luego se lo enfría de modo rápido, en general sumergiéndolo en agua o en aceite.

En los instrumentos musicales templarlos es sinónimo de afinarlos o sea colocarlos en su justo tono.

La pintura al temple se logra al disolver pigmentos en líquidos calientes y pegajosos. Su tiempo de secado es rápido. Es más conocida este tipo de pintura como témperas. Si bien ya la usaban los egipcios, fue muy apreciada en el arte gótico y románico, siendo la más antigua de las técnicas de pintura conocidas.

En otro sentido se aplica a los rasgos de la personalidad o carácter de alguien: “Tiene un temple de acero, nada logra inmutarlo y se sobrepone a todas las adversidades”. Templar el carácter es volverlo más afable o menos propenso al enojo y la ira, logrando el autodominio emocional y un carácter estable y equilibrado.

En Geografía podemos destacar la existencia de una fortaleza amurallada parisina que se denomina Torre del Temple, obra de los caballeros Templarios en el siglo XIII, con el objetivo de servir de medio de defensa. Durante la Revolución francesa se convirtió en el lugar de prisión del rey Luis XVI y su familia. Fue demolida en 1808 por orden de Napoleón Bonaparte.

El temple es además una comarca española ubicada en la provincia de Granada.