Concepto de atesorar

Atesorar es un verbo no pronominal, regular y de primera conjugación. La palabra se encuentra integrada por términos latinos: el prefijo de proximidad, “ad” y el sustantivo thesaurus” que se traduce como tesoro o riqueza. El sufijo “ar” es formador de verbos.

Atesorar es la acción de guardar cosas (materiales o inmateriales) de modo diligente, ordenado y minucioso, para no usarlas durante un tiempo prolongado, al modo de lo que se hacía en la antigüedad con aquellos bienes muebles de gran valor económico, denominados propiamente tesoros, que se los ocultaba para mantenerlos alejados de ladrones, en sitios imprevisibles (bajo la tierra, entre ladrillos, etcétera) en época donde no existían instituciones bancarias.

Actualmente, las personas guardan celosamente ciertas cosas materiales que tienen un valor económico o sentimental muy importante. Las cosas que tienen valor en el mercado, sean de valor sentimental o no para su dueño, son las que deben atesorarse en lugares más seguros, pues pueden ser objeto de la codicia de seres malintencionados, que traten de apropiárselas de modo indebido. Para ello existen cajas fuertes, cajas de seguridad o depósitos bancarios. Puede tratarse de dinero o de joyas. Quien atesora el dinero no está dispuesto a invertirlo en el corto plazo, y lo guarda, por diferentes motivos: por esperar a reunir más dinero para luego gastarlo; para tener seguridad económica futura, etcétera.

Hasta aquí nos hemos referido al dueño o poseedor legítimo, pero también los ladrones pueden atesorar o guardar a buen recaudo el producto de sus fechorías. Por ejemplo: “Se apresó al delincuente; y encontraron en su vivienda, muchas joyas, dinero y armas que atesoraba en un cajón de su sótano”.

Las cosas materiales de valor sentimental pero no económico se atesoran generalmente sin tanto cuidado de la vista de terceros. Puede tratarse de fotografías, cartas, dibujos, etcétera, que tienen valor solo para su dueño. Por ejemplo: “Tengo atesorados en una caja los recuerdos de la infancia de mis hijos: el primer diente que se les cayó, sus dibujos del jardín de infantes y sus primeros cuadernos escolares”.

Los pueblos también atesoran su herencia cultural, la cual suele exponerse en los museos: “En el museo se atesoran obras de arte, que nos legaron artistas de muchas generaciones”.

Pero también pueden atesorarse cosas inmateriales. Se guardan momentos y sentimientos experimentados, que nos han hecho vivir cosas maravillosas, en la mente y el corazón, por ejemplo: “Atesoro los juegos compartidos con mis amigos de la infancia, tan divertidos y llenos de candor”, “Atesoro las caricias y las palabras de mi madre, y ahora que ya no está, su recuerdo me fortalece y me ayuda en las situaciones difíciles”.