Concepto de beneplácito

De los término latinos “bene” que se traduce como “bien” y “placitus”, que es el participio en pasado del verbo “placere” en el sentido de “complacer”, surgió beneplácito que designa actualmente, por un lado, el placer, satisfacción y goce que algo nos provoca; y por el otro aprobación, permiso, autorización o aquiescencia. En la antigüedad la expresión “bene placitus” como conformidad, se colocaba en las propuestas de nombramientos oficiales.

En el primer sentido, es un sentimiento de goce y bienestar que nos provoca una presencia, una noticia, un suceso, etcétera, por ejemplo: “Siento beneplácito en recibir en mi hogar a una persona tan destacada como usted”, “Recibí la noticia de tu próxima boda con gran beneplácito” o “Toda la comunidad manifestó su beneplácito por haber ganado la batalla contra la epidemia que la azotaba”, respectivamente.

En el segundo sentido, de contar con la conformidad necesaria para llevar a cabo una gestión o concretar un propósito, que no depende solo de nosotros, podemos usarlo, por ejemplo: “Mi jefe me otorgó su beneplácito para que armara un nuevo grupo de trabajo”, “Obtuve el beneplácito de mi madre para poder viajar al exterior a continuar mis estudios”, “¿Me otorgaría su beneplácito para visitar a su hija?” u “Otorgué a mi sobrino el beneplácito para que se mudara a vivir conmigo”.

En el ámbito jurídico y dentro de las relaciones contractuales, para que pueda celebrarse un negocio jurídico bilateral sinalagmático, se necesita el acuerdo o beneplácito de ambas partes: “Necesito el beneplácito del vendedor a la oferta que le realicé sobre su inmueble, para poder así concretar mi sueño de tener la casa propia”.