Concepto de bufón

La Real Academia Española (RAE) menciona dos acepciones de la palabra bufón. En un primer sentido, nos dice que es un buhonero, que es como en algunos países se conoce a los vendedores ambulantes de buhonerías, que son objetos de escaso valor (ropa usada o económica, libros, revistas, juguetes, etcétera) los que puede ir ofreciendo mientras deambula o instalarse en puestos callejeros improvisados. Los buhoneros son parte de la economía informal, y como no pagan impuestos, son vistos como competencia desleal por parte de los comerciantes que pagan sus tributos y mantienen sus locales.

En un segundo sentido, y el más difundido, un bufón, etimológicamente derivado del italiano “buffone” y, a su vez, de “buffo” que se traduce como gracioso, ha sido un personaje muy popular en las cortes reales del Antiguo Régimen, que tenía a su cargo la misión de entretener y divertir al propio rey y su entorno, y, en la actualidad se le dice bufón, despectivamente, a todo aquel que actúe haciendo reír a otros, por ejemplo: “Lucas se cree muy ingenioso interrumpiendo la interesante clase del profesor con sus bromas, y no se da cuenta que está haciendo el triste papel de un bufón impertinente y desubicado” o “No seré el bufón de mi jefe, que pretende que lo divierta contándole chistes; me contrató para trabajar y eso haré”.

Antaño, los bufones, eran, generalmente, personas que tenían alguna deformidad física, enanos o personas con grandes jorobas o algún problema de retraso mental, lo que los hacía particularmente aptos para este quehacer, aunque también las discapacidades podían ser fingidas, debiendo, además, tener aptitudes acrobáticas o talento para la actuación y la mímica, sarcasmo y espontaneidad, para que dieran un marco de color y gracia a sus presentaciones, que hacían con trajes pintorescos y una gorra con campanas. Podían, con sus bromas, dar consejo al rey o ser muy críticos, aunque si se excedían podían ser condenados. Sin embargo, nunca fueron vistos por el poder real, como una amenaza, siendo una conjunción entre el tonto y el sabio, que acercaba a la figura divinizada del rey a la gente común. Existieron bufones, no solo en Europa, sino también en India, China, África, etcétera.

Como ejemplo de un bufón cuyo nombre adquirió fama, podemos mencionar a Jan Lakosta, bufón de Pedro el Grande, Zar de Rusia entre el 7 de mayo de 1682, hasta su muerte en el año 1725. Pedro I conoció a Jan Lakosta en el año 1713, en Hamburgo. Se trataba de un judío bautizado, (converso). Tanta ascendencia tuvo sobre Pedro el Grande, que le fue dado el título honorífico de "Rey judío del Samoyedo" y una isla deshabitada en Karelia, teniendo su reino una enorme extensión. Murió en 1740.

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