Concepto de cátaro

Se conoce con el nombre de cátaro a aquel individuo, que, en el medioevo, era parte de una secta religiosa, conocida en Francia como albigense, nombre que procede de la ciudad de Albi, o tal vez de albinos, de “alb”, blanco, color que simboliza la pureza.

Su origen puede ubicarse en la Europa oriental y su desarrollo se localiza cronológicamente, en la Baja Edad Media occidental, lugar donde llegó a través de las rutas comerciales, primero a la región de Limosín, y luego tuvo su epicentro en Toulouse, (entre los siglos XI y XII) y se difundió por toda Europa Central, especialmente a través de los vendedores de tejidos, por lo cual, también se los conoce como la “secta de los tejedores”.

El origen del término cátaro es discutido. Según Eckbert von Schönau, vendría del término griego “katharós” que significa “puro”.

La ideología de los cátaros se basaba en la pureza de las costumbres. Se centraban en la existencia de dos mundos, el espiritual, creación divina; y el material, hecho por Satanás, artífice de las guerras y de la propia iglesia, por lo que rechazaban el Antiguo Testamento, que decía que había sido Dios el creador del mundo terrenal. Las personas, se redimían a través del conocimiento de su estado puro, que tenían antes de encarnarse en un cuerpo físico. Por ese motivo, consideraban que Jesús, no se encarnó en un ser humano, sino que había sido una aparición, que tenía por fin indicar el camino a la Salvación.

Creían en la reencarnación continua que solo acabaría cuando se alcanzara a visualizar lo divino, a través de una vida ascética, lo que elevaría al individuo a lo espiritual, cortando definitivamente con lo material y corrupto. Como el agua es algo material, rechazaban el bautismo y también se oponían a la procreación, pues, para ellos, nacer, era el modo de aprisionar el alma pura en un cuerpo impuro, por lo que hacían énfasis en mantenerse vírgenes. No comían ni carne (salvo la de pescado) ni huevos ni leche.

Fueron combatidos por la iglesia, a través de predicadores e incluso, se trató de ponerles fin por la fuerza, a través de la acción liderada por Enrique de Albano, que logró tomar la fortaleza de Lavaur, ya que se consideraba que los cátaros eran una amenaza a las ideas cristianas.

Los cátaros ganaron adeptos en el sur de Francia, (Occitania) teniendo la protección del duque Aquitania, Guillermo. El concilio de Tours en 1163, el Tercer Concilio de Letrán, en 1179 y el IV Concilio de Letrán de 1198, se pronunciaron en contra del catarismo. En el año 1204, el Papa Inocencio III, les suspendió la autoridad a los obispos de Occitania, y muchos nobles que protegían a los cátaros, fueron excomulgados. Se organizó una cruzada en su contra, que terminó con el Tratado de París en el año 1229. Por este acuerdo, los cátaros sufrieron terribles pérdidas, siendo desposeída la Casa de Tolosa de la mayoría de sus feudos y la Casa de los Beziers de todos; pero recién los cátaros van a ser completamente eliminados con la Inquisición, a partir del año 1229.

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