Concepto de convincente

En el latín “convincentis” es donde hallamos el origen etimológico del adjetivo convincente. Se integra con el prefijo “con” que indica cercanía o totalidad, con el verbo “vincere” que se traduce como “vencer” y el sufijo de agente “nte”. Algo convincente es algo que vence las resistencias y dudas, para lograr convencer de algo y resultar creíble.

Puede aplicarse al lenguaje, oral o escrito, que es convincente cuando se usa en el primer caso el tono firme, fuerte, sin vacilaciones ni frases entrecortadas; y en el segundo, una redacción clara, entendible, que revele los pormenores de un asunto sin dejar vacíos.

Una actitud convincente es aquella que mira a los ojos, que sonríe con moderación, que se para firme, que no tiembla ni titubea.

Las argumentaciones son convincentes, cuando muestran pruebas o razones de la autenticidad de lo que se afirma.
Lo convincente es claro, indubitable, certero, persuasivo, o aparece como tal, pues puede ser solo una máscara que encubre una mentira tras una fachada de seguridad.

Ejemplos de uso: “El político fue muy convincente cuando aseguró que durante su mandato eliminaría la pobreza, y mostró cifras y medidas; pero cuando asumió se demostró que había sido todo un ardid para ganar sufragios”, “El abogado defensor se dirigió al jurado con un tono convincente para demostrar la inocencia de su defendido, lo que dejó a todos sorprendidos, pues tiene muchas pruebas en su contra” o “Los exámenes médicos son convincentes y demuestran que mi salud está en perfecto estado”.

Lo convincente tiene un profundo contenido subjetivo, pues puede serlo para alguien y para otros no: “Mi vecino me dijo que encontraron pruebas convincentes de que los robos en el barrio fueron perpetrados por la persona que detuvieron, que aparece en las cámaras de seguridad, pero yo vi las imágenes, y no creo que sea la misma persona”.