Concepto de diezmo

La palabra diezmo es un sustantivo, cuya etimología nos remonta al latín “decimus”, aludiendo al 10 % que cobraban los monarcas sobre las mercaderías que ingresaban en sus puertos, por mar, aunque también se cobraba el diezmo a los productos que entraban por tierra; también entre los antiguos romanos se cobraba diezmo por el uso de tierras o como contraprestación por el derecho de ejercer alguna actividad lucrativa. También un diezmo era la parte de la cosecha (a veces más) que debían entregar los vasallos como tributo a los señores feudales en el medioevo europeo, además de otras prestaciones y servicios personales.

En el terreno religioso, la aplicación del diezmo es tan antigua, que ya la Biblia nos habla de este tributo obligatorio, en especie, de animales, trigo, frutos, vino, etcétera, como ofrenda a Jehová.

El sacerdote divino y rey de Salem (Jerusalén), Melquisedec, según el libro del Génesis, fue el primero en recibir el diezmo de manos de Abraham quien había sido por él bendecido. El diezmo fue luego implantado con la finalidad de mantener a los sacerdotes levitas, a cargo del resto de las tribus, para que ellos, carentes de tierras, puedan dedicarse a su función de culto en el tabernáculo y realizar obras caritativas.

El cristianismo, fue tomando esa costumbre de entregar diezmos, pero voluntariamente, lo que se convirtió en obligatorio desde el siglo VI. La iglesia francesa impuso el diezmo durante toda la vigencia del Antiguo Régimen, lo que se recaudaba en especie o en dinero, en una colecta de frecuencia anual. En España el diezmo fue en especie, y en la Edad Media, los reyes consiguieron obtener parte de esos diezmos. Se convirtió en un recurso para obtener ingresos en las arcas del Estado, desde que el rey Fernando III, consiguió una tercera parte del diezmo de las iglesias, para gastos militares.

Actualmente, suele ser optativo en las iglesias católicas, y se entiende como donación, sin ser exactamente el 10 % de los ingresos del creyente. Las iglesias protestantes aplican el diezmo con suma frecuencia, requiriéndolo como obligatorio, para obtener la bendición de Dios.