Concepto de disidencia

la palabra disidencia, encuentra su origen en el latín “dissidentĭa”, siendo la acción y efecto del verbo “disidir”, del latín, “dissidēre”, término integrado por el prefijo de separación o negación “dis” y por el verbo “sedeo”, en el sentido de “permanecer”.

La disidencia es una postura contraria a la que se está manifestando o exponiendo, un pensamiento, postura o actitud, diferente, total o parcial, hacia otra tomada como referencia, sea política, religiosa, filosófica, etcétera, siendo esta, individual o colectiva; y también puede ser hacia un orden social, una institución o una expresión simbólica.
La disidencia ideológica es natural y normal, ya que la libertad de pensar es algo normal en el ser humano, y así vemos ejemplos de disidencias a lo largo de la historia y en nuestra vida cotidiana.

En decisiones que deben tomar cuerpos colegiados, los votos en disidencia son aquellos contrarios a lo que expresa la mayoría, por ejemplo: “En la reunión de la Asamblea asistieron los cinco socios de la empresa, la mayoría votó por la creación de la filial, habiendo un solo voto en disidencia” o “Se condenó al acusado con el voto de dos de los miembros del tribunal, votando el tercero en disidencia, por la absolución”.

El término disidente se aplicó inicialmente en el terreno religioso, a aquellos que se oponían a la religión oficial, siendo en Inglaterra llamados disidentes quienes estaban entre los siglos XVI y XVIII, en contra de la Iglesia de Inglaterra, siendo protestantes no anglicanos, que negaban la participación del estado en lo religioso. Los anglicanos que no estaban conformes con ella se denominaban inconformistas, y los opositores católicos, eran conocidos como recusantes. Desde el siglo XVIII, se calificó de disidentes, a aquellos que estaban en desacuerdo con el pensamiento teológico, y se preocupaban por temas mundanos, propios de la sociedad civil, contrarios al oficialismo, como el caso de quienes brindaron apoyo a la Revolución Francesa de 1789, contra el poder real, extendiéndose así su uso al ámbito político.

En la Revolución Francesa, antes mencionada, fueron condenados a muerte los disidentes u opositores políticos y miembros de la realeza, así como también las facciones contrarias entre los propios revolucionarios.
Todos los totalitarismos han rechazado a los disidentes y los han castigado; y muchos por miedo, han mostrado su acuerdo a regímenes criminales y arbitrarios como lo fue el nazismo o el fascismo. En la Unión Soviética, se consideraron disidentes a los ciudadanos que estaban en desacuerdo con las políticas implantadas, especialmente por el régimen estalinista, quienes realizaban protestas activas no violentas, pero que sufrían persecuciones y hostigamientos.