Concepto de inescrupuloso

La palabra inescrupuloso está integrada por el prefijo de negación “in” sobre “escrúpulos” del latín “scrupulus” que se traduce como “piedrecilla”, que se empleaba para aquel que observaba detalles, como el de piedras diminutas, también aplicado a pequeñas unidades de tiempo, y luego a los que se detienen a reflexionar sobre la bondad de sus acciones, quedando este sentido como único en nuestros días. El sufijo “oso” es formador de adjetivos. Por lo tanto, un inescrupuloso actúa sin reflexionar si lo que hace es bueno o malo.

Los inescrupulosos no sienten culpa por causar daño a otros, ya sea a un semejante u otro ser vivo, o al ambiente. Viven de modo egoísta, sin considerar la moralidad de sus actos, aunque evidentemente existen grados, ya algunos pueden provocar a otros algún tipo de mal económico o sentimental menor (aunque quien lo sufre se sienta defraudado y angustiado); y otros, realizar actos delictivos patrimoniales, como hurtos, estafas o robos y hasta atentar contra la vida de terceros. Por eso, algunos inescrupulosos cometen faltas morales, solo reprochables en base a la conciencia de los demás; y otros, verdaderos delitos, condenables por la ley.

Ejemplos: “El inescrupuloso, vio a una anciana con problemas de movilidad queriendo cruzar la calle, y no se detuvo a ayudarla”, “Mi mejor amigo está saliendo con mi novia, su actitud me parece inescrupulosa”, “Le presté dinero a mi primo, hace mucho tiempo, y el inescrupuloso nunca me lo devolvió, a pesar de que su situación económica mejoró, y sabiendo que yo ahora lo necesito”, “El político inescrupuloso llevó a cabo políticas que sumieron al pueblo en la miseria y la desesperanza”, “Fue engañado por un par de inescrupulosos, que se aprovecharon de su necesidad de vivienda, para venderle un terreno del cual no eran propietarios”, “El inescrupuloso delincuente, roba a los transeúntes, y es capaz de matarlos si se resisten a entregar sus pertenencias”.

Si bien personas inescrupulosas existieron siempre, el sociólogo y filósofo alemán, Max Weber (1864-1920) estudiando las acciones sociales ideales (existentes en forma teórica) distinguió una que es típica de las modernas sociedades surgidas tras la Revolución Industrial, y son las acciones raciones de medios y fines. Nos dice que, en las sociedades modernas, las personas se fijan fines y piensan los medios más adecuados para llegar a ellos, descartando los valores morales, pudiendo llegar a ser inescrupulosos, por su individualismo, egoísmo y aspiración al poder material, con tal de conseguir lo deseado, que, en el capitalismo, suele ser lo económico.