Concepto de inicuo

El origen etimológico del adjetivo inicuo se encuentra en el latín “iniquus”, vocablo integrado por el prefijo de privación o negación “in” y por “aequus” que se traduce como igual, equitativo o justo.

Lo inicuo es todo lo que pueda aparecer como injusto o arbitrario, pudiendo aplicarse a las conductas, por ejemplos: “Fue inicuo su proceder al no invitar a su hermano a su casamiento, solo porque tenía diferencias de opiniones con el hermano de su futura esposa”; a las leyes: “Una ley inicua debe ser combatida hasta que se derogue, ya que como lo afirmara el jurista Cicerón es una ley corrupta que no puede considerase una verdadera norma jurídica”; o a las sentencias judiciales: “El Juez dictaba sentencias inicuas, y fue destituido por un juicio político”.

Las personas inicuas pueden ser consideradas malas y perversas, pues aplican la injusticia en sus acciones.
De todos modos, es preciso advertir que ser totalmente equitativo es casi imposible, ya que ni siquiera lo es la propia naturaleza, siendo la justicia un ideal que nos inspira a mejorar nuestras conductas que nunca serán perfectas. Según el filósofo griego Platón solo los filósofos podían lograr ser equitativos pues podían llegar con su poder de razonamiento a alcanzar un juicio justo. El resto de los mortales seremos en mayor o menor medida, inicuos.

La Biblia nos habla en distintos pasajes de “condenar al inicuo”, de “quebrantar el brazo de quien es inicuo”, del “Inicuo que extendió su mano contra los que se hallaban en paz, violando el pacto” o del “Hombre inicuo como abominación a los hombres justos”. Entre las cosas que aparecen como aborrecidas por Dios, se encuentran los “pensamientos inicuos”, con lo cual hasta se puede ser inicuo con solo imaginar un actuar pecaminoso.