Concepto de superfluo

El adjetivo superfluo, proviene del vocablo latino “superfluus” integrado por “super”: lo que se coloca encima, y “fluere” que significa fluir, significando lo que sobra, lo innecesario o el exceso, lo que está de más, por ejemplo, en un vaso, el líquido que lo rebalsa y fluye, escapándose de él.

Se dice que una persona es superflua, cuando se preocupa o le interesan cosas no esenciales, sino frívolas; como cuando busca en una pareja sus atributos físicos o su capacidad económica, antes que sus cualidades éticas; o como fin de su vida sólo el disfrute personal egoísta y no metas trascendentes, y valorables positivamente. Se dice en estos casos que es una persona hueca o vacía.

Gastos superfluos son los que se efectúan para adquirir artículos de lujos, suntuarios e innecesarios para el individuo, que muchas veces pueden llegar a su ruina económica y a ser declarado pródigo, nombrándosele en tal caso, un curador para que administre sus bienes, si con ello pone en riesgo el bienestar de su familia, para quienes tiene obligación alimentaria.

Jurídicamente, se distinguen al comsiderar los gastos efectuados por el tenedor o poseedor de la cosa, que no es dueño y pretende su reembolso, en el Código Civil español, aquellos que se consideran necesarios, sin los cuáles la cosa se hubiera destruido o deteriordo gravemete o hiciern su uso imposible, como por ejemplo, que un inquilino haga reparar un caño roto, ante la inacción del dueño al que se le ha avisado del siniestro. estos gastos necesarios deben serles reconocidos al poseedor que los efectuó. Otros gastos, son los útiles, que mejoran la cosa y le brindan un uso más eficiente, por ejemplo, colocar una cerca para aumentar la seguridad del predio, o conectar el servicio de luz. También son reembolsables. Los gastos superfluos, llamados por el Código, voluptuarios, de mero lujo; por ejemplo, si ha colocado adornos con el fin de embellecer la propiedad. en este caso, lo ue puede hacer es llevárselos, si es que el dueño o el siguiente poseedor no prefiere abonárselos, y siempre que al retirarlo no cause deterioro a la cosa.

Muchas veces se procede al recorte de gastos considerados superfluos en caso de crisis económicas que afectan a una comunidad o a todo un Estado, siendo parte de su política presupuestaria. En este caso, como la identificación de lo que es superfluo no es exacto, pueden quitarse ciertos servicios, evaluados como comodidades o lujos, que sin embargo afecten a otras necesidades esenciales. Por ejemplo, restringir el uso del alumbrado público, por considerarlo un gasto supérfluo, puede hacer crecer el índice del delito, pues los agresores pueden verse beneficiados por la oscuridad para cometer sus ilícitos.

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