Concepto de pedúnculo

La palabra pedúnculo nos remite, en su origen, al latín “pedunculus”, término conformado por “pedis”, en el sentido de “pie”, y por el diminutivo “culum”. Literalmente, entonces, pedúnculo está referido, a un pie pequeño.

Se usa, en Botánica, para referirse al tallo delgado que sostiene a una hoja, flor o fruto y los une al tallo de la planta. En las flores, se trata de un rabillo, que las sostiene, desde su base, siendo el último entrenudo del tallo. Puede suceder que existan flores carentes de pedúnculo, y en este caso se dice que la flor es sésil. La estructura del pedúnculo es idéntica a la del tallo, raramente está ramificado, y, además de su función de sostén, también nutre a las flores, llevándoles la savia.

En Zoología, un pedúnculo, es una prolongación que poseen algunos animales, que les permite quedar adheridos a las superficies. Por ejemplo, los endoproctos, que son acuáticos, miden menos de cinco milímetros, y, en su cuerpo, se diferencian, un cáliz y un pedúnculo contráctil, con el que se fija al sustrato.

Otro caso, es el percebe, un crustáceo que se desarrolla sobre las rocas marinas, a las que se fija, gracias a su pedúnculo, de formato cilíndrico, contráctil y cubierto de piel. En este caso, el pedúnculo tiene la particularidad, de contener una glándula, con capacidad de segregar un cemento, que se endurece en el exterior, y contribuye a la fijación del organismo.

En el cerebro humano, los pedúnculos son dos, con función de unión y comunicación del mesencéfalo y el cerebro; y se encuentran en el tronco encefálico, en su zona superior. Entre las dos masas cilíndricas, que son cordones de sustancia blanca, estructuradas por fibras nerviosas, se ubica la fosa interpeduncular, conformada por sustancia gris. Su función es la de tomar intervención en el control reflejo de los movimientos de los ojos y su coordinación con la cabeza y el cuello.

Dentro del cerebro, encontramos el cerebelo, que integra las vías sensitivas y motoras. El cerebelo utiliza tres pares de pedúnculos (dos inferiores, que establecen la comunicación con el bulbo raquídeo; dos medios, que lo comunican con la protuberancia anular; y dos superiores, que hacen lo propio con el cerebro) repletos de fibras nerviosas, para fijarse a la cara posterior del tronco encefálico.