Concepto de rasgo

La palabra rasgo, proviene del verbo rasgar, cuyo origen etimológico lo hallamos en el latín “resecare” con el significado de recortar. Estos recortes, peculiaridades o matices les confieren a los sujetos u objetos, su individualidad, y permiten su diferenciación y particularización.

Por ejemplos, los rasgos de la escritura varían de una persona a otra, pues cada una al dibujar las letras lo hace de un modo determinado y singular, que muestra para un observador experto muchas características de su personalidad. Los grafólogos y los peritos calígrafos son capaces de analizar escritos y firmas, para determinar su autor, y su modo de ser o de actuar.

Concepto de rasgo

Ciertas características del rostro humano, en sus facciones o expresiones, son llamadas rasgos: “ese niño tiene rasgos orientales” o “los rasgos de su rostro, son duros”

En lingüística, los fonemas se distinguen por ciertos rasgos, unos de otros. Los rasgos o características de los signos lingüísticos es que son convencionales, arbitrarios y articulables.

Algunas características de las expresiones o actuaciones de las personas que las hacen diferenciarse del resto de los humanos son denominadas rasgos, como los rasgos heroicos, los rasgos rebeldes, los rasgos violentos o los rasgos humorísticos, entre otros.

Cuando se comenta o explica algo a grandes rasgos, no se entra en detalles, sino que se habla de generalidades.

En Psicología se denomina Teoría de los Rasgos, a la enunciada por Gordon Allport, que nos enseña que un rasgo es un sistema neuropsíquico, que se caracterizado por ser localizado y generalizado, pudiendo convertir un conjunto de estímulos en sus equivalentes funcionales, y originar conductas y guiarlas de acuerdo a ello. Para Allport los rasgos son objetivos, o sea que existen por sí mismos, no dependiendo del observador. Distingue entre los rasgos comunes propios de un grupo de individuos que comparten una cultura; de los individuales, que a su vez pueden ser cardinales (que dominan toda su actuación), centrales (rasgos salientes que se infieren del accionar de la persona) y los secundarios (aparecen de vez en cuando, sin ser determinantes en la personalidad, por ejemplo, los gustos personales).