Concepto de ofensa

La palabra ofensa hace referencia a la acción y al efecto de ofender, verbo que en su etimología nos remite al latín “offendere”. Este término se integra con el prefijo “ob” que indica la existencia de un enfrentamiento y de “fendere” en el sentido de “golpear” o “herir”. En un principio cuando se hablaba de ofensa, era para aludir a ataques físicos: “En un ataque ofensivo las tropas enemigas invadieron la ciudad”. En este caso la ciudad invadida, que recibía la ofensa, podía ejercer su defensa, palabra que también se compone del verbo “fendere” pero en esta ocasión, al acompañarse del prefijo “de”, indica que la agresión que se ejerce es para apartar a otra, recibida previamente.

Concepto de ofensa

Actualmente se consideran ofensas no solo las agresiones físicas sino también las morales o psicológicas realizadas a través de palabras, hechos o gestos: “Me he sentido ofendido con tus palabras despreciativas hacia mi persona”, “Juan se ofendió porque no lo invité a mi fiesta de cumpleaños” o “No pronunció palabra mientras yo hablaba pero su sonrisa irónica y sus gestos peyorativos me ofendieron, sobre todo cuando para demostrar que era poco interesante lo que decía, se puso a mirar por la ventana”.

El ofendido se siente enojado, despreciado, y si bien puede ser que solo se sienta triste y apesadumbrado, se suele buscar reparación al perjuicio físico o moral recibido, para reestablecer la justicia que considera quebrantada, lo que puede hacer por medios de defensa legalmente aceptados, o recurriendo a la venganza, que puede ser inocente o alcanzar consecuencias graves: “Mi padre que es un político de renombre se sintió ofendido por la prensa e inició contra los responsables del artículo periodístico un juicio por injurias”, “El niño se ofendió y lloró desconsoladamente” o “La esposa se sintió ofendida por la traición de su esposo y le destrozó su automóvil, sumando un nuevo problema ya que tendrá la obligación de repararlo”.

En ocasiones se ofende a otro de modo involuntario, si se ha dicho o hecho algo que el autor considera bueno o sin calificación moral, y aquel al que va dirigido lo vive como una burla o una humillación. En estos casos, el diálogo aclaratorio es la mejor manera de solucionar el problema: “Perdona si te ofendí con mi actitud, no te saludé pues soy sumamente distraído” o “No quise decir que eras un ignorante, solo te corregí tus errores de ortografía para que cuando presentes el escrito cuyo contenido es muy profundo y valioso, no lo descalifique el jurado evaluador. Cometí el error de hacerlo frente a todos y por ello me disculpo. Entiendo que te sientas ofendido, no volverá a suceder”.