Concepto de candelabro

La palabra candelabro es un sustantivo que se originó en el latín “candelabrum”, integrada por el verbo “candere” en el sentido de “brillar” y el sufijo de medios “brum”.

Un candelabro es un elemento que se utiliza como soporte de velas y que tiene varios brazos, para poder incluir varias. Tiene como soporte un pie, o puede amurarse a una pared o techo, o colgar de él.

Los candelabros se usaron desde la antigüedad con fines de iluminación y para quemar los perfumes, teniendo diversas formas; pero también son muy utilizados para el culto.

En la Odisea de Homero, se relata que, en el palacio del rey de los feacios, de nombre Alcinoo, de la isla Esqueria, los candelabros de oro colocados en el altar tenían la forma de un muchacho que en sus manos tenía las antorchas encendidas.

Los romanos también usaron candelabros para homenajear a sus dioses. Los más imponentes se fabricaban en Tarento, al sur de Italia, sobre el Mediterráneo, y en la isla de Egina, en Grecia.

Entre los hebreos, la “menorá” es un candelabro o lámpara de aceite que consta de siete brazos, uno central y tres que se alzan doblados a cada lado, siendo cada uno la representación de una rama del conocimiento. En la Biblia, aparece referencia al mismo, confeccionado en oro macizo, realizado por orden de Jehová que le impuso a Moisés ese deber, con precisas instrucciones sobre el peso (un talento, o sea 34 kilos) el modo de forjarlo (a martillo) y el material (oro puro) colocado delante del Tabernáculo, para iluminarlo, y posteriormente en el Templo de Jerusalén. Su simbolismo es representar la iluminación del universo.

A partir del siglo IX, los candelabros formaron parte de la decoración de palacios reales y de casas de nobles ricos, y desde el siglo XVIII se convierte en un elemento que engalana las residencias de los burgueses, cada vez más adornados.

Hoy pueden observarse, especialmente en tiendas de antigüedades, hechos de oro, plata, bronce, madera, etcétera.