Concepto de jarana

La palabra jarana, se usa, en el lenguaje coloquial, para hablar de una fiesta o reunión divertida y bulliciosa, que conduce, a veces, a excesos, por lo cual, la jarana, puede ser un sano esparcimiento, o devenir en actitudes reprochables, e incluso, punibles. Por ejemplo: “No te vendría mal salir algún día de jarana, para no estar todo el día trabajando”, “Mi amigo ayer se fue de jarana, y volvió a las tres de la mañana, con una tremenda borrachera”, “No salgas de jarana un día antes de un examen, pues permites potenciar las posibilidades de que fracases”, “Fui a pasar un buen rato con mis amigos, pero la jarana terminó en la comisaría, pues nos detuvieron por disturbios en la vía pública” o “Yo me sacrifico toda la semana, pero el sábado a la noche lo tomo como de jarana, y trato de divertirme mucho”.

Jarana es una palabra, probablemente, procedente de la lengua quechua, donde se llamaba a estas fiestas, “karani”, asociada a convites y festines.

En Perú, se suele celebrar la denominada jarana criolla, que incluye celebraciones vecinales, que duran varios días, con canciones y bailes, en especial en la celebración del día de la Canción Criolla, que es el 31 de octubre.

Como instrumento musical, existe uno de cuerda, de origen mexicano, llamado jarana huasteca, similar a una guitarra, pero pequeña, que posee cinco cuerdas al menos. Se usa en son huasteco, de ritmo ternario, en 3/4 y 6/8, con influencia de la música española, africana y aborigen. Otro instrumento similar, también de México, pero especialmente empleado en la zona de Veracruz, es la jarana jarocha, con influencia de la guitarra barroca española, que se usa en son jarocho, en especial en los fandangos, acompañada de bailes, con zapateos y cánticos.

Como género musical, la jarana yucateca, propia de Yucatán, en México, se aplica a su baile regional, que se practica en parejas, vestidas con atuendos típicos, que se desplazan por la pista, con zapateos y giros. Este baile, está asociado a las vaquerías, y tiene influencia de la jota aragonesa, en su versión de 3 x 4, que tiene tiempo de vals, aunque con tintes propios de la cultura maya. Esta última versión, suele acompañarse con versos picarescos (conocidos como “bomba”) que se recitan al cortarse la música y el baile, cada veinte o treinta minutos, para otorgarle un momento gracioso.