Concepto de transigir

La palabra transigir, procede del latín “transigere”, que se integra por el prefijo “trans” que indica un pasar de un sitio a otro, y por el verbo “agere” que alude a “hacer” o “actuar”, implicando llevar una discusión a un punto de acuerdo.

Cuando se transige, se trata de renunciar a ciertas ideas, valoraciones, derechos, opiniones o acciones, que uno considera correctos o justos, aceptando los de otros; con el propósito de acabar con conflictos, y lograr paz y tranquilidad.

Transigir es parte de las negociaciones, y un paso ineludible, en general, para llegar a un acuerdo.

En ocasiones optamos por darle la razón a otras personas, o les concedemos los que nos piden, a efectos de evitar discusiones interminables, si aceptar nos evita estrés y molestias; y los asuntos no son demasiado trascendentes; resignando nuestra propia convicción, por ejemplo: “Al final, transigí con mi inquilino y le desconté parte de la renta, por haber tenido que soportar la falta de luz durante dos días; sin embargo, estoy convencido, que fue él quien originó el desperfecto, pero ya no toleraba sus insistentes reclamos”, “El país que fue derrotado, debió transigir con el vencedor, y cedió parte de su territorio, con tal de arribar a un acuerdo de paz” o “Transigí con mi hijo, y le permití que asistiera a la fiesta de su amigo, a pesar de que me parece muy chico para salir de noche, con la condición de que vuelva temprano”.

Sin embargo, no se debe transigir, en caso de que lo que se nos imponga sea peligroso, ilegal, inmoral o contraríe nuestros valores más preciados; transigir puede causarnos un daño irreparable físico y/o psicológico, por ejemplo: “Con tal de que mi pareja no se enoje, transigí en ser cómplice de sus delitos, y ambos terminamos en prisión”, “Tanto me insistió mi amigo en que nos tiremos desde un muro alto, que transigí, y me fracture una pierna”, “Transigí con mis primos, a pesar de que no estaba de acuerdo con sus actitudes, y nos burlamos de una anciana, solo para divertirnos, pero ahora me siento muy culpable por ello” o “He hecho un pacto con el demonio cuando decidí robar, y ahora, por transigir con la tentación, me convertí en pecador”.

Las personas que poseen claras sus convicciones, no transigen con aquello que cause daño a sí mismos o a otros.