Concepto de imponderable

La palabra imponderable está conformada por los siguientes términos de origen latino: el prefijo de negación “in”; más “pondus” que podemos traducir como “peso” y el sufijo de posibilidad “able”. En una de sus acepciones, significa imposible de pesar. Para la Física antigua, el éter era un fluido imponderable, hipotético, carente de peso, ligero, medio transmisor de la energía, y que ocupaba todo el espacio. Era, según los antiguos griegos, la sustancia que respiraban los dioses, diferente al aire pesado que debían respirar los humanos y los animales.

Entre las sustancias imponderables físicamente, podemos mencionar los fluidos eléctricos, porque un metal electrificado pesa lo mismo que uno neutro. el cuanto al calor era también un fluido imponderable y expansivo, que se traslada de los cuerpos calientes a los fríos. Algo similar se predicaba de los fluidos magnéticos. Este modelo imponderable se mantuvo hasta el siglo XX, donde surgió la hipótesis cuántica.

En lo cotidiano, usamos el término imponderable para todas aquellas situaciones imprevisibles, que alteran el normal desarrollo de nuestros planes. Los imponderables, vendrían a ser el resultado del dicho “el hombre propone, y sin embargo, es Dios quien dispone”, pues aunque hagamos la mejor de las planificaciones, puede surgir un inconveniente inimaginable, un imponderable, que frustra el objetivo propuesto.

Ejemplos: “Pensaba recibirme a fin de año, pero apareció un imponderable (mi madre enfermó) y me retrasé por cuidarla”, “No pude llegar a tiempo pues ocurrió un imponderable, el automóvil que me traía se averió” o “La construcción debía terminarse para marzo pero llovió tanto que no se pudo lograr, fue un imponderable que jamás pensamos que sucedería, ya que esta zona no es lluviosa”. Los imponderables son conocidos también como casos fortuitos. Cuando suceden, eximen de responsabilidad de cumplir la obligación contraída, pues escapan a la voluntad de quien debía satisfacerla.