Concepto de rubéola

La palabra rubéola proviene en su etimología del latín “ruber” que significa rojo y “ulo” que es un diminutivo. Designa a una enfermedad viral (provocada por un togavirus) infecciosa, caracterizada por la presencia de granitos de color rojo o rosado, que aparecen primero en la cabeza y rostro y luego va descendiendo hasta alcanzar los pies. La primera vez que se describió esta enfermedad fue en el año 1814.

Es contagiosa, siendo el aire el medio por el que se propaga (porque la persona tose, estornuda o a través de su mucosidad) y típica de la niñez (aunque puede darse en adultos) predominando entre los individuos de raza blanca, siendo en general benigna, salvo cuando la contrae una mujer embarazada, en el segundo o tercer mes de gestación, en cuyo caso puede afectar seriamente al feto, provocándole un síndrome llamado de rubéola congénita, con consecuencias nefastas sobre la visión, la audición, el hígado, el corazón, o provocar retraso mental o demencia.

Durante el primer mes de la gestación es posible que la mujer emabarazada que contraiga la dolencia, sufra un aborto espontáneo. Es por esta causa que la vacunación contra la rubéola se ha tornado obligatoria en muchos países. Forma parte de la vacuna triple que protege además de contra la rubéola, contra el sarampión y paperas.

Posee un período de incubación que oscila entre los quince y veinte días. La erupción dura entre tres y cuatro días. Una vez que se ha padecido la enfermedad el individuo queda inmunizado para toda su vida. Es semejante al sarampión aunque muchísimo más benigna. Para diferenciar la rubéola de otras enfermedades eruptivas, pueden hacerse análisis de laboratorio

Provoca además de la erupción dérmica, inflamación de los ganglios linfáticos y fiebre no muy elevada (febrícula). Es muy molesta pues produce picazón. Se recomienda reposo, calmantes (no aspirinas) para los dolores musculares, fiebre o cefaleas que pueden acompañar el cuadro, y fundamentalmente el aislamiento para evitar el contagio, que debe prolongarse hasta siete días luego de desaparecer los síntomas, especialmente para evitar que contraigan la enfermedad mujeres gestantes. Sin embargo, siete días antes de la aparición de los síntomas el enfermo ya puede contagiar y en ese caso, la prevención es muy dificultosa.

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