Concepto de eudaimonia

La palabra eudaimonia procede del griego εὐδαιμονία (léase eu̯dai̯monia), vocablo integrado por “eu” en el sentido de “bien” y por “daimon” que se refiere a un o espíritu o divinidad inferior, con lo cual puede decirse que eudaimonia es un estado deseable de alcanzar, donde el sujeto humano se encuentra tan completo que se acerca a lo divino.

Es en la obra del filósofo griego Aristóteles (384 a. C– 322 a. C) “Ética a Nicómaco” donde más se utiliza este concepto en el sentido de felicidad, plenitud, excelencia o supremo bienestar, la consecución del bien más elevado, que es el fin por sí mismo (no un medio para lograr otro fin) para este autor, de las acciones humanas, siempre de acuerdo a la razón (“logos”). Su elemento fundamental es la virtud (areté) aunque, además, también reconoce como necesarios y complementarios ciertos bienes exteriores al individuo, como la salud, la belleza, la amistad, el éxito o la riqueza. En esto se diferencia de Sócrates (470 a. C - 399 a. C) y los filósofos estoicos (escuela que fundó Zenón en el año 301 antes de nuestra era) que solo creen que se logra la eudaimonia a través de lo virtuoso, que sería ser, por ejemplo, justo, valiente, prudente, honrado, etcétera).

Para Aristóteles se alcanza la eudaimonia como la culminación de un proceso que se va construyendo, haciendo actividades virtuosas, de modo racional, y así se alcanza el éxito en el sentido de perfección. Se trata de una actividad del alma que se logra con la vida contemplativa y no con la de placer, la de los honores de la política o la vida de los negocios, pues no son fines en sí mismos. Las actividades que llevan a la eudemonia deben estar de acuerdo con la areté o virtud.

El filósofo hedonista Epicuro de Samos (341 a. C-270 a C.) relacionó la eudaimonia con el placer a largo plazo, y la ausencia de dolor.