Concepto de patente

Patente es un vocablo que se derivó del latín “patentis” en el sentido de aquello que está visible y manifiesto; siendo el participio del verbo “patere” que designa la acción de estar a la luz, sin ocultamiento.

Algo patente es lo que se muestra inequívocamente y sin ningún tipo de resguardo ni cobijo, a la vista o a la razón, por ejemplo: “Es patente la falta de limpieza que hay en tu habitación, hay basura por todos lados” o “Tu falta de conocimiento sobre el tema se plasmó patente en tu examen ya que no pudiste responder ninguna pregunta”.

También se denomina patente a la placa identificadora de los vehículos, llamada también matrícula, que expide la autoridad competente, conteniendo letras y números que permiten saber quién es su dueño, lo que es fundamental a la hora de atribuir responsabilidades, por ejemplo: “El automóvil circulaba con la patente tapada, para que no pudieran saber quién era el que estaba cometiendo tantas infracciones de tránsito, pero ahora sumó una más, pues tapar la patente es una falta grave”, “la cámara de seguridad filmó el vehículo con el cual se perpetró el robo, y así se pudo detener al culpable, al identificar la patente de su coche”.

Los inventores, pueden solicitar como parte de los derechos de propiedad intelectual, y más precisamente, industrial, una patente, bien intangible que se entrega por un tiempo limitado (generalmente 20 años, para luego pasar al dominio público) y dentro del territorio del Estado que lo concedió, a efectos de proteger la autoría de la invención y que no pueda un tercero atribuírselo como propio. Esto implica que nadie más que el inventor puede fabricarlo, usarlo o venderlo, salvo que el inventor los autorice. Debe tratarse de algo novedoso y de uso industrial. Puede tratarse de un objeto, del procedimiento para fabricarlo, un compuesto químico etcétera. Puede ser transmisible por herencia, o por venta o por donación.

Patente de corso era la concesión que los monarcas europeos daban al capitán de una nave para ejercer legalmente la piratería contra embarcaciones o pueblos enemigos. También solían ser dadas por los alcaldes de las comunidades a nivel local, lo que le ahorraba al Estado la construcción y financiamiento de una Armada propia, obteniendo además una porción de los beneficios, y desligarse de responsabilidad por los hechos que eran atribuidos a actos de piratería privada. Se abolieron por el Tratado de París en 1846.