Concepto de adoquín

Adoquín, es un sustantivo, que procede del árabe hispánico, “addukkín” usado para referirse a una piedra de granito o basalto, labrada, cuyo formato es rectangular siendo por lo general sus medidas, de 20 centímetros por 15. Su uso principal es pavimentar las calles, para mejorar su circulación, y permitir un rápido drenaje, poniéndolos de modo simétrico y continuo, y se conocen como adoquinados.

Los adoquines para pavimentar, caminos y rutas, fueron muy empleados, desde el comienzo de la vida urbana.

En el Imperio Romano, se usó principalmente, basalto, bloques que vinieron a reemplazar los empedrados, hechos con piedras en bruto, sin labrar.

La Vía Apia, por ejemplo, que unía a la ciudad de Roma con el puerto de Brindisi, y que además de su importancia estratégica, pasó a la posteridad por ser en toda su extensión, donde fueron crucificados unos seis mil esclavos, que habían sobrevivido a la sublevación de Espartaco, estaba hecha con basalto negro, en bloques cilíndricos.

El adoquinado se siguió utilizando hasta el siglo XIX. En la actualidad, aún pueden verse en ciudades que conservan su aspecto original, pero, en general han sido reemplazos por los adoquines de hormigón, y más asiduamente, por asfalto, mezcla de brea con arena o gravilla, que es más liso, y permite el desplazamiento de los rodados con mayor facilidad y agilidad. Los adoquines de asfalto datan del año 1824, y fueron utilizados en la pavimentación de la Plaza de la Concordia y de los Capos Elíseos (París) en 1837. En 1902, en Estados Unidos, empiezan a usarse, asfaltos destilados de petróleo.

En otros casos, los adoquines, se continúan empleando, para dificultar la prueba, en las carreras de adoquines que se hacen en las competencias de ciclismo, en la región de Flandes. En la Paris-Roubaix, los adoquines se convierten en verdaderas trampas, distribuidos a lo largo de unas treinta secciones, que enlentece la marcha y es un verdadero escollo para llegar a la meta, además de que los adoquines pueden romper el rodado. Los adoquines también se usan en decoración, como revestimientos estéticos.

Por extensión, y coloquialmente, se le dice adoquín a alguien a quien le cuesta comprender lo que todos entienden, aludiendo a que su mente es tan dura como un adoquín, y también a los que son muy tercos o testarudos, por ejemplo: “Es muy difícil que mi abuelo aprenda a hablar una segunda lengua a esta altura de su vida, le enseño, pero le cuesta mucho, parece un adoquín, aunque ha sido muy inteligente en su juventud” o “Tu mente de adoquín no te permite ver tu error, debes ser más permeable a las críticas”.