Concepto de azogado

La palabra azogado es el resultado del verbo azogar, transitivo y de primera conjugación, que nos llegó desde el árabe “azauc”, en el sentido de “cubrir con azogue”, que es como se conoce vulgarmente al mercurio (elemento químico).

Cristal azogado

Un espejo, es una superficie opaca y pulimentada. Un espejo azogado, es el que refleja la luz, que sobre él incide, en forma total. Los espejos se fabrican cubriendo con azogue la parte posterior de los cristales, lo que se realizó desde el siglo XIII, siendo Venecia el principal centro de producción, aunque los espejos ya se conocían desde la Edad Antigua.

Consistía en cubrir las láminas de vidrios con una amalgama hecha de mercurio y estaño. Las hojas de papel de estaño recubrían la superficie, que luego se impregnaba de mercurio, apretándose la superficie con un paño, al que se apretaba con pesas. Los espejos se popularizaron en Europa siendo un artículo de estatus social con monopolio en Venecia, lo que era una gran fuente de ingreso para sus fabricantes. Esto desató una guerra con Francia, que intentaba, con espías, develar los secretos de su elaboración, lo que finalmente logró en el siglo XVII. Este método se extendió por Europa, hasta que, en el siglo XIX, se optó por recubrir una cara del espejo con una solución de plata, descubrimiento efectuado por Justus von Liebing, químico alemán, que logró este hallazgo en 1836.

Como metáfora

El poeta nicaragüense, Rubén Darío (1867-1916) usa esta metáfora en uno de sus poemas, “Sinfonía en gris mayor”, cuando habla del mar, al que compara con un cristal azogado, para aludir que semeja un espejo; lo diferencia del Sol, al que dice que se parece a un vidrio opaco y redondo.

Persona azogada

Es aquel individuo que ha incorporado mercurio a su organismo, en general, a través del consumo de peces contaminados o por inhalación de vapores que producen algunas industrias, y por lo tanto se ha enfermado, ya que el mercurio tiene gran toxicidad, afectando al sistema nervioso, tanto central como periférico; teniendo como principal y característico síntoma, los temblores. Por extensión, se dice de aquel que tiene las mismas manifestaciones (se muestra agitado, tembloroso e inquieto) sin haber inhalado mercurio. Se aplica muchas veces para calificar la conducta de niños que no pueden mantenerse quietos, o para los que tiemblan de miedo, o por efecto del intenso frío.