Concepto de barbecho

Con respecto al origen etimológico de la palabra barbecho, es posible, aunque controvertido, que provenga del latín “vervactum” que se integran por “veris” en el sentido de “primavera” y por “actum”, que se traduce como “hecho”.

Es un término de uso en agricultura, y se emplea en especial cuando se adopta la técnica de rotación de cultivos, para designar a aquellos terrenos destinados al sembradío, pero que se dejan descansar durante un año o dos (barbecho corto) o más tiempo (barbecho largo) para que la tierra recupere sus nutrientes, volviendo a tener la materia orgánica y la humedad necesarias, y no se agote su fertilidad, o si la ha perdido la pueda recuperar, evitando también los agentes patógenos.

Sin embargo, en el barbecho labrado, que es una de sus formas; si bien no se cultiva y se lo deja al suelo sin sembrar por ese tiempo, se le realizan labores de mejoramiento, y antes de volver usarlo, se ara esa tierra, para quitarle las malezas. Si se realiza un labrado químico, para eliminar las malezas se recurre a herbicidas, que dan mucho mejor resultado si no se espera que las malas hierbas se desarrollen; aunque es más efectivo y natural el labrado mecánico, que entierra las hierbas usando por ejemplo el arado de disco, para acrecentar la descomposición orgánica. Dejar las malezas, implica que el suelo se siga desgastando, pues ellas continúan consumiendo agua y nutrientes, siendo mayor el problema con las altas temperaturas, donde el crecimiento se acelera.

El barbecho fue practicado en muchas zonas de la América precolombina, por las culturas más avanzadas, aunque, por ejemplo, los aztecas pudieron prescindir del barbecho, al usar la técnica de las chinampas, que construían con maderos, que colocaban sobre las aguas, rellenos de tierra y materia orgánica, para cultivar allí con las condiciones óptimas.

Los europeos, usaron el barbecho desde la Edad Media; pero ya era conocido desde tan antiguo, que ya lo nombra la Biblia, en el Libro del Éxodo, donde replica el mandato divino de cultivar seis años, y dar descanso a la tierra en el siguiente año. La aparición nuevas técnicas de fertilización del suelo, hacen que en la actualidad, los períodos de descanso puedan acortarse.

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