Concepto de cimiento

La palabra cimiento, procede del latín “caementum”, palabra integrada por el verbo “caedere” en el sentido de “cortar” y por el sufijo de resultado, “mentum”, designando a la parte de una construcción que le sirve de sostén, lo que fue evolucionando desde el uso de piedra y madera, hasta las losas de hormigón que se refuerzan con hierro o acero.

Los cimientos, distribuyen la carga de modo uniforme y transfieren el peso de lo edificado más lo que se coloca sobre ello (mobiliario, personas, etcétera), al suelo, teniendo mucha importancia para elegir el tipo de cimientos, las características del suelo donde va a ser asentada la construcción y la dimensión del edificio. En terrenos firmes el ancho es de unos 0.35 a 0.40 cm. Pero si se trata de suelos blandos, su ancho será de unos 0.60 cm.

Hay cimentaciones de zapatas, que se usan en terrenos resistentes y son económicas y superficiales, colocándose por debajo de los pilares de la estructura, un prisma de hormigón ancho. Si el edificio posee un gran peso y el terreno donde se construye es inestable, se usan las losas continuas, de hormigón armado, que también son superficiales (poco profundas) pero se disponen a modo de una plataforma, para que el edificio quede suspendido sobre ella. De profundidad media, son las cimentaciones en pilares de hormigón, empleadas en terrenos blandos, y transmitiéndose la carga a la profundidad rocosa. Para lograr más profundidad, se usan las cimentaciones por pilotes. Si los cimientos, no están bien efectuados, luego pueden reforzarse.

Las construcciones de la antigua Roma imperial, lograron mantenerse en pie, pues el hormigón lo fabricaban usando cenizas volcánicas, cal viva y agua marina, siendo muy útil este último elemento, ya que, de modo progresivo, contribuye a reforzar la estructura.

Si bien los cimientos siempre han sido sumamente importantes para mantener en pie las edificaciones, los actuales rascacielos, exigen basamentos aún más fuertes, pues de lo contrario puede ser un grave riesgo, pues suelen agrietarse hundirse, y en el peor de los casos, desmoronarse.

Por extensión, se aplica a todo aquello que sirve de base para el desarrollo de ideas, valores, conocimientos, etcétera, por ejemplo: “Una buena educación constituye los cimientos para la formación de una persona íntegra”, “Los cimientos de las ideas independentistas, estuvieron en los ideales iluministas”, “El desplome de la bolsa de valores hizo tambalear los cimientos de la economía mundial” o “Los cimientos de la democracia, están en el respeto a las diferencias”.

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