Concepto de incrédulo

Del latín “incredulus”, incrédulo se conformó con el prefijo de negación “in” y con el verbo “credere” que significa creer o confiar. Es por ello que un incrédulo es aquella persona que no cree, o lo hace con suma dificultad y enormes dudas; puede ser con respecto a algo que le muestran sus sentidos, su razón, o que otros tratan de que tome por cierto. Ejemplos: “El hombre observó incrédulo la función de magia, observando con una sonrisa lo que parecía milagroso, pero sabía que era simplemente un truco”, “Mi madre se mantiene incrédula frente al nuevo tratamiento, aunque el médico le aseguró que terminaría con su padecimiento” o “Soy incrédulo a las promesas del nuevo gobernante ya que no me inspira confianza”.

Concepto de incrédulo

En Filosofía podría decirse que los escépticos son incrédulos, pues desconfían de alcanzar verdades absolutas y están siempre en busca de respuestas que les generan nuevas preguntas.

En materia religiosa, donde se exige que se crea basándose en la fe, es donde la incredulidad hacia los divino es vista como una traición por parte de los fieles, quienes deben creer aún cuando no vean a aquel que aparece como Dios, a quien se debe otorgar sumisión y respeto absoluto, sin cuestionar sus acciones sobre el mundo por más injustas que parezcan, pues responden a su plan. Quienes son incrédulos y niegan a Dios, son calificados de impíos.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, son recurrentes las alusiones a los impíos o rebeldes, en cuanto a no confiar en Dios o no creer en la llegada de su Hijo, Jesús, como el Mesías. La Iglesia consideró incrédulos a los paganos y a los judíos que no creyeron en Jesús, con quienes negó todo trato; considerando aún peor a quienes habiendo aceptado el cristianismo luego se volvieran incrédulos a su fe. Todos ellos serán condenados a las tinieblas. Sin embargo siempre hay tiempo para creer y lograr la Salvación, tal como lo hizo San Pablo.

La incredulidad tiene grados, ya que puede ser absoluta, cuando se rechaza totalmente como cierta la idea o el hecho; o relativa, cuando se cree, pero poco, y con reticencias.