Concepto de colirio

Del griego κολλύριον (léase kollýrion) diminutivo de kollýrā, que significa “pan con formato de rollo”, pasó al latín como collyrĭum, es, actualmente un colirio, una fórmula farmacéutica, de consistencia líquida, que se aplica en los ojos en forma de gotas, con un aplicador, que en general es el pico del mismo frasco que lo contiene; para aliviar alguna afección, como puede ser ojo seco, conjuntivitis, alergias, infecciones, glaucoma, etcétera, teniendo por lo tanto, distintas funciones según lo que se intenta curar: humectante, antiinflamatoria, antialérgica, antibacteriana, antifungicida, etcétera, siendo necesario, que salvo los humectantes, que se emplean cuando las lágrimas son insuficientes o inestables, tal vez por usar mucho tiempo dispositivos electrónicos, por edad avanzada, por problemas hormonales, entre otros; el resto se adquieran por indicación del oftalmólogo, ya que puede ser peligroso auto medicarse. Algunas personas, realizan sus propios colirios a base de infusión de manzanilla, para desinflamar los ojos.

Sin embargo en la antigüedad, especialmente en Egipto, los colirios no eran líquidos. Se hacían con polvos aglutinados, a los que les daban una forma larga y redondeada. Eran sólidos, y en ocasiones los pacientes los diluían o rallaban, para poder ponérselos en los ojos.

Para hacer un colirio, líquido, como hoy los conocemos, las sustancias con propiedades medicinales, se diluyen o suspenden en un medio acuoso u oleoso.

Una de las características principales que determina la efectividad y seguridad del uso del colirio, es su esterilidad, o sea que esté libre de patógenos. Esto es importante, pues si se ha prescripto la aplicación de un colirio, es porque la córnea, el tejido transparente que está delante del globo ocular, ha sufrido algún daño, por ejemplo, está reseca, se ha infectado por virus, hongos o bacterias; le ha entrado un cuerpo extraño; se ha expuesto a rayos ultravioletas; se ha usado mal los lentes de contacto, etcétera. Al no poder ejercer la córnea su típica función antibacteriana, junto a las lágrimas; el tejido subyacente es foco propicio para infectarse, y por eso debe asegurarse que las gotas sean estériles, lo que se pierde al abrir el envase, o al poco tiempo, si tienen algún conservante; pero, en general, no debe usarse por más de un mes. Otra es la viscosidad, dada por su adherencia para favorecer que el principio activo actúe sobre la mucosa conjuntival. El envase debe conservarse en lugar fresco y bien cerrado y no tocar el ojo con la punta del aplicador. No debe compartirse su uso.

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