Concepto de lacrimógeno

La palabra lacrimógeno, es un adjetivo que procede de la unión de los siguientes términos latinos: “lacrĭma” que se traduce como “lágrima”, líquido que producen las glándulas lagrimales, para lubricar los ojos, y “geno”, en el sentido de generar o producir. Lacrimógeno, es aquello que tiene la capacidad de hacer que las lágrimas se produzcan en exceso, generando lagrimeo o llanto.

Lo que puede resultar lacrimógeno es un acontecimiento o hecho doloroso, que provoque sufrimiento físico o espiritual, o ante una gran emoción, de alegría o tristeza. No se sabe con certeza por qué las lágrimas brotan en estas circunstancias, pero sí se conoce que contienen varias sustancias, entre ellas, enzimas, electrolitos, lípidos, metabolitos, y las emocionales, poseen, adicionalmente, hormonas y proteínas.

Ejemplos de uso: “El cortejo fúnebre fue excesivamente lacrimógeno, pues se despidió a una persona muy joven”, “Dejen de llorar que pareciera que estas expresiones lacrimógenas correspondieran a una desgracia y no a un anhelado reencuentro”, “Estoy viendo una película muy lacrimógena, pues el protagonista sufre demasiadas adversidades” o “Estoy padeciendo un dolor de cabeza insoportable y hasta me he vuelto lacrimógena, del sufrimiento”.

Las lágrimas también pueden ser causadas por sustancias irritantes. Un caso es la cebolla, que, al cortarla tiene efecto lacrimógeno, pues contiene sustancias que se liberan al cortarla, y provocan una reacción química irritante para la vista, aunque en realidad para ella sea un factor de protección.

Existe un arma química, conocida como gas lacrimógeno, que produce irritación ocular y lagrimeo, impidiendo a la persona, la visión, en forma temporal. En la Primera Guerra Mundial se usaron los gases lacrimógenos, contenidos en granadas, para lograr que los soldados abandonaran sus trincheras donde permanecían resguardados para poder así atacarlos en un estado de indefensión pues su vista estaba nublada, La Convención de Ginebra, los prohibió para uso bélico, a partir de 1997. Actualmente, se usan para desactivar disturbios, por parte de las fuerzas del orden; no son letales y su toxicidad es baja. Los más usados son los que contienen bromuro de bencilo o el clorobenzilideno malononitrilo. La irritación que producen, no es solo ocular, sino que también afecta la piel y las vías respiratorias. Estos síntomas duran aproximadamente diez minutos desde que cesa la exposición al gas. Los efectos son más nocivos si se usan los gases lacrimógenos en espacios cerrados y pequeños, pues habrá allí mayor concentración del gas, pudiendo en estos casos, causar daños más intensos en la piel, vómitos o problemas oculares severos.