Concepto de rubicundo

La palabra rubicundo, es un calificativo, para referirse a las personas que tienen el cabello rubio o dorado, con tintes rojizos, o anaranjado, comúnmente llamados, pelirrojos. El gen responsable de ese color de cabello, es recesivo, y originado por mutación adaptativa. Su presencia les impide la producción de eumelanina, que le otorga al cabello un tono más oscuro, a favor de la feomelanina, que le da el color rojizo. Solo son rubicundos, el 2 % de los habitantes del mundo, concentrados especialmente en el norte de Alemania, Escocia, Holanda, Islandia, Noruega, Irlanda y el Reino Unido.

Ejemplos: “Muchos vikingos eran rubicundos, altos y fornidos” o “La última reina de la casa Tudor de Inglaterra, Isabel I, era rubicunda”.

La piel de los rubicundos es blanca y tienen muchas pecas, lo que la hace particularmente sensible a los rayos UV. Como beneficio, los rubicundos, sintetizan mayor cantidad de vitamina D, necesitando, por ende, un pequeño aporte de sol, para tener el requerimiento cubierto.

Frecuentemente, los rubicundos son objeto de discriminación, por pertenecer a una minoría, y por la existencia de una superstición que relaciona a las personas de cabello rojizo, con la mala fortuna. Incluso, la iglesia medieval los vinculaba a fuerzas demoníacas y a prácticas de brujería.

Este color de cabello también puede ser logrado, artificialmente, por el uso de tintes.

Miguel de Cervantes Saavedra, en su obra “Don Quijote de la Mancha”, emplea la metáfora “el rubicundo Apolo” para referirse al sol, de quien dice que tendió su dorada cabellera sobre la tierra. Esto lo relata el peculiar caballero, en la primera salida de su terruño.

Las personas enojadas, avergonzadas o extenuadas por el ejercicio físico, suelen tener enrojecidas sus mejillas, por el aumento del flujo sanguíneo, pero también pueden mostrarlas rubicundas, por presentar un estado saludable, siendo la palidez, el signo de un estado enfermizo.

En la piel, en ocasiones, su rubicundez, puede ser el síntoma de alguna enfermedad o adicción. Puede ocurrir por fiebre, por padecer rosácea, por alergias, por alcoholismo, o por la acción de algunos medicamentos.

Ejemplos: “Su rostro rubicundo, demostraba que los días de enfermedad habían quedado en el pasado”, “Tras embriagarse, el hombre tenía su rostro rubicundo y su mirada perdida” o “El niño sintió vergüenza al ser descubierto en su picardía, y sus mejillas se tornaron rubicundas”.