Concepto de ciudadanía

Se llaman ciudadanos al sector de habitantes de un Estado que gozan de derechos políticos, o sea la posibilidad de participar dentro de los gobiernos democráticos, donde el poder reside en el pueblo, en las elecciones a cargos gubernamentales como electores, o como candidatos elegibles.

Para tener la condición de ciudadano se deben reunir ciertos requisitos, como haber nacido en el territorio de ese Estado, y haber cumplido determinada edad (en general 18 años) o haber nacido en otro país, pero haber cumplido los requisitos necesarios, que varían de acuerdo al estado, para obtener la ciudadanía de ese otro Estado, distinto al de su nacimiento. En el primer caso se habla de ciudadanos nativos, y en el segundo, de ciudadanos por naturalización.

Con el advenimiento de la democracia, a partir del siglo XVIII el rol del ciudadano y su formación, han sido o deberían ser preocupación de los Estados, ya que ellos son en definitiva, los que decidirán el futuro y la suerte de toda la comunidad. Para ello hay que lograr ciudadanos comprometidos, responsables, con altos valores morales, y no regidos por el individualismo, sino por la premisa del bien común.

En la antigua Atenas, los ciudadanos atenienses con facultades políticas eran pocos, ya que se excluían a las mujeres, a los extranjeros y a los esclavos. En la Edad Media, y en la Edad Moderna, más que de ciudadanos podemos hablar de súbditos, ya que eran una minoría privilegiada los que poseían participación en la vida política, el resto solo se limitaba a rendir obediencia al Rey. Es recién luego de la Revolución Francesa del siglo XVIII en que el concepto de ciudadanía cobra real dimensión, pero también más compromiso. Permitir al pueblo como poder soberano elegir y ser elegido, trae aparejado riesgos, si ese pueblo se mantiene en la apatía cívica, y sobre todo ética. Ser ciudadano implica el derecho de participación política pero a la vez el deber de una participación responsable.