Concepto de derechos humanos

Son los derechos, o sea las posibilidades, o facultades de hacer o no hacer algo, que poseen las personas, intrínsecos a su condición humana, y que hacen a su dignidad, debiendo los estados reconocerlos, y de no hacerlo, pueden ser exigidos ya que esas facultades no se gozan por otorgamiento del estado sino que nacen con el ser humano y son anteriores a la conformación social.

Si bien las personas ceden parte de esos derechos para una mejor convivencia social según por ejemplo, Rousseau en su “Contrato Social”, y ceñirse a las disposiciones legales para el bien común, hay derechos que no pueden resignarse en ningún caso, como los derechos a la vida o a la libertad. Este último solo puede ser privado por los poderes públicos si la persona ha cometido un delito, por razones fundadas, y por orden de Juez competente, debiendo luego ser sometido al debido proceso.

Algunos derechos que las personas pueden o se les exige renunciar en vistas al bien común, son por ejemplo, la libertad de desplazarse sin limitaciones, como cuando se le exige al automovilista detenerse en un semáforo en rojo, o la de expresarse, cuando se le pide a un estudiante que guarde silencio en una clase, o el de propiedad, cuando se le exige a un ciudadano que ceda una porción de su propiedad para el pago de un impuesto. Como vemos estos derechos no esenciales, son limitados, para poder cumplir los fines sociales de igualdad, y respeto a los derechos de terceros. Ese es el límite al ejercicio de los derechos: no perjudicar a otro.

Este concepto de derechos humanos como derechos naturales, fue recién comprendido y aceptado desde la Revolución Francesa, ya que antes, los poderes de los gobernantes eran absolutos y creaban los derechos, pudiendo quitarlos a su antojo.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que emanó de la Asamblea Nacional en la Revolución Francesa (1789) sentó los derechos imprescriptibles e inalienables del hombre que ningún estado puede desconocer, como la igualdad, la libertad, la propiedad, y la resistencia a la opresión.

Así surgieron primero los derechos civiles y políticos, dentro del individualismo que caracterizó a la Revolución Francesa, para sumarse un siglo después, el reconocimiento de los derechos sociales, de aquellos postergados en el seno de una sociedad desigual, discriminada entre ricos y pobres. Así se comenzó a proteger a los trabajadores, a los desvalidos, a los enfermos, a las mujeres y a los niños.